Servicio de Atención al Sufridor
Después de este lapso temporal sin escritos, aprovecho una conexión prestada, para dar alguna explicación de los motivos.
Alguien dijo “Hemos venido a este mundo a sufrir”. No se quién sería, pero tengo claro que se estaba refiriendo al mundo de la tecnología y en concreto al de las telecomunicaciones. Hoy, he conseguido romper mi relación con Jazztel, después de dos meses de solicitar la baja por escrito y sujeto a ley. Dos meses con llamadas diarias peleando por conseguir romper ese matrimonio indisoluble. Y llevo un mes sin conexión ADSL, lo cual me ha supuesto recibir los calificativos más malsonantes por parte de todos lo miembros de mi familia, que sufren conmigo la soledad de la desconexión.
La alegría de la noticia de que ya era libre, ha durado poco y se ha roto cuando Telefónica, me ha dicho que tengo para 15 o 20 días más, para que ellos me den de alta. La señorita operadora me comenta que aunque comprueba que tengo muchísimas llamadas hablando del ADSL, no tiene constancia que yo hubiera pedido el alta. (¡!) AAAgghh! (Quiza llamaba ud. para tener sexo virtual con la operadora?). Sin más comentarios.
Se perfectamente que somos miles y miles los damnificados de la inoperancia de los llamados “servicios de atención al cliente” de todas las operadoras, pero aún así, yo no consigo acostumbrarme a su impunidad. Quiero pensar que otra forma es posible. Soy un número. No importa lo que yo precise, pida o pague. Lo que importa es que yo siga su protocolo establecido. Eso les dará satisfacción a ellos y ya de paso, algún beneficio.
Alguien dijo “Hemos venido a este mundo a sufrir”. No se quién sería, pero tengo claro que se estaba refiriendo al mundo de la tecnología y en concreto al de las telecomunicaciones. Hoy, he conseguido romper mi relación con Jazztel, después de dos meses de solicitar la baja por escrito y sujeto a ley. Dos meses con llamadas diarias peleando por conseguir romper ese matrimonio indisoluble. Y llevo un mes sin conexión ADSL, lo cual me ha supuesto recibir los calificativos más malsonantes por parte de todos lo miembros de mi familia, que sufren conmigo la soledad de la desconexión.
La alegría de la noticia de que ya era libre, ha durado poco y se ha roto cuando Telefónica, me ha dicho que tengo para 15 o 20 días más, para que ellos me den de alta. La señorita operadora me comenta que aunque comprueba que tengo muchísimas llamadas hablando del ADSL, no tiene constancia que yo hubiera pedido el alta. (¡!) AAAgghh! (Quiza llamaba ud. para tener sexo virtual con la operadora?). Sin más comentarios.
Se perfectamente que somos miles y miles los damnificados de la inoperancia de los llamados “servicios de atención al cliente” de todas las operadoras, pero aún así, yo no consigo acostumbrarme a su impunidad. Quiero pensar que otra forma es posible. Soy un número. No importa lo que yo precise, pida o pague. Lo que importa es que yo siga su protocolo establecido. Eso les dará satisfacción a ellos y ya de paso, algún beneficio.
Comentarios
Ánimo.
petons
romy
Un beso.
Gracias Llanos, Gracias Romy.
Con esa vocecita de moscas muertas, enganchan ¿eh? :)
La única solución que encontré para deshacerme de un servidor, hace un par de años, fue un burófax, documento que aceptan los jueces para hacer efectiva una baja, de inmediato.
Otra cosa es el alta; ahí ya, lo que tú dices; cuando les apetezca :DDD
Me alegro mucho de vert!, digo, de verte.
Imagino que la vida es más sencilla de lo que pienso. Lo digo porque en la práctica voy haciendo, hago de madre, de hija, de hermana, de amiga, de secre y compañera de trabajo, de vecina... Pero cuando me paro a pensar..., uffff!, a menudo me bloqueo. Y hay conceptos que me bloquean especialmente, por ejemplo, “la política”: demasiada hipocresía, demasiadas luchas, demasiadas trabas...
Confío en que quien se dedica a la política lo hace por contribuir a que las cosas vayan “mejor”, cada cual desde sus ideas, pero veo a los políticos (como a los votantes) atrapados entre el sueño de las ideas y la compleja realidad (eso lleva a algunos al vicio del poder y la prepotencia, a otros a la impotencia, a la marginación...).
Se me ocurre comparar la política con una madre... Responsable de tantas cosas (la comida, la ropa, la vivienda, la limpieza, la educación, el descanso, la autoestima de los hijos...), afectuosa (que ama y desea ser amada), sensible y activa en cuanto a todo lo que afecta a sus hijos (sus problemas, sus ilusiones...), trabajadora “a-tutti-pleni” (a menudo más allá de sus fuerzas), a quien se le hacen preguntas de lo que sabe y de lo que no sabe, a quien todo se le exige, a quien se critica a veces sin pensar, a veces sin piedad, mientras ella, persona como cualquiera, va haciendo como puede, como sabe y no siempre como quiere.
Ya sé que los políticos y las madres tampoco son tan “desgraciados”, y que no soportamos que vayan de víctimas (¡encima!, “¡yo no elegí nacer!”, “¡yo no voté al político de turno que nos gobierna!”). Quien se mete en política, como quien decide tener un hijo, es responsable de su decisión, de acuerdo. Pero los hijos, como la gente en general, queramos o no, también somos protagonistas de la historia, también facilitamos o dificultamos las cosas, trabajamos o hacemos el gandul, alimentamos el desencanto y la frustración o la confianza y el buen rollo.
Me da igual si las parejas se juntan o se separan, si los políticos se alían o se distancian... Que hagan lo que intuyan o consideren que les irá mejor, pero espero que trabajen, que busquen el placer, que no puteen a los demás y que permitan a cada cual también hacer lo que podamos.
(siempre me enrollo demasiado)
No pasa nada, Nuria. Te releo allí. :)