JuanCarlistas
Estos días vuelve a estar de moda el tema de la monarquía, la sucesión, la continuidad, etc.
He comprobado que frecuentemente (al menos aquí en Cataluña) cuando se le pregunta a alguien sobre si es monárquico o no, parece que exista cierto reparo a la aceptación de ese término. Es entonces cuando te apuntan… “Yo, es que soy JuanCarlista”.
Ahí ya han dejado claro todo. Con eso quieren expresar que son monárquicos con este rey y que con otro, ni se sabe. Esta quiere ser (y no lo consigue) una diplomática forma de reconocer el trabajo realizado por el presente monarca pero marcando distancias con la institución que representa. Todo ello en una sociedad que cada día hace más guiños a la instauración de una nueva república.
No es mi intención entrar en esta discusión, puesto que cada uno es bien libre de defender el sistema que considere más adecuado. Pero si que quisiera destacar la incoherencia de esa respuesta del si pero no.
-¿Que sentido tiene ser JuanCarlista?
-“Claro! Imagínate que nos toca un rey como Carlos II. Apañados iríamos. Para eso no soy monárquico”.
- “Acabáramos! Entonces, ¿Que haríamos los republicanos? ¿Nos damos al vicio y a la bebida? Porque recuerda que Bush y Putin son presidentes electos de sendas repúblicas”.
Es evidente de que cuando uno defiende un sistema político, sea cual sea, lo defiende en el bien entendido de que será implantado y ejercido con coherencia, honradez y eficacia. O es que acaso imaginamos a un francés declarándose más “Chiraquien” que Republicano?
El sistema no debe depender de la persona o familia que ejerza el papel que se le adjudica a la institución en la política nacional. Ciertamente son instituciones muy diferentes. Mientras una dedica su vida a ejercer una función de arbitraje en pos del bien nacional, sin tomar partido por uno u otro bando, el presidente temporal es siempre de una tendencia determinada con lo cual implica inevitablemente que esa función de arbitraje queda como mínimo en entredicho en su objetividad. Por otra parte, puede incorporar elementos de ambición personal y una problemática de temporalidad.
También es frecuente reprochar a la monarquía el coste de su mantenimiento de esta institución, así como su anacronismo en una sociedad mucho más igualitaria que en el pasado.
Todo son opiniones válidas pero por favor… sin JuanCarlismos.
He comprobado que frecuentemente (al menos aquí en Cataluña) cuando se le pregunta a alguien sobre si es monárquico o no, parece que exista cierto reparo a la aceptación de ese término. Es entonces cuando te apuntan… “Yo, es que soy JuanCarlista”.
Ahí ya han dejado claro todo. Con eso quieren expresar que son monárquicos con este rey y que con otro, ni se sabe. Esta quiere ser (y no lo consigue) una diplomática forma de reconocer el trabajo realizado por el presente monarca pero marcando distancias con la institución que representa. Todo ello en una sociedad que cada día hace más guiños a la instauración de una nueva república.
No es mi intención entrar en esta discusión, puesto que cada uno es bien libre de defender el sistema que considere más adecuado. Pero si que quisiera destacar la incoherencia de esa respuesta del si pero no.
-¿Que sentido tiene ser JuanCarlista?
-“Claro! Imagínate que nos toca un rey como Carlos II. Apañados iríamos. Para eso no soy monárquico”.
- “Acabáramos! Entonces, ¿Que haríamos los republicanos? ¿Nos damos al vicio y a la bebida? Porque recuerda que Bush y Putin son presidentes electos de sendas repúblicas”.
Es evidente de que cuando uno defiende un sistema político, sea cual sea, lo defiende en el bien entendido de que será implantado y ejercido con coherencia, honradez y eficacia. O es que acaso imaginamos a un francés declarándose más “Chiraquien” que Republicano?
El sistema no debe depender de la persona o familia que ejerza el papel que se le adjudica a la institución en la política nacional. Ciertamente son instituciones muy diferentes. Mientras una dedica su vida a ejercer una función de arbitraje en pos del bien nacional, sin tomar partido por uno u otro bando, el presidente temporal es siempre de una tendencia determinada con lo cual implica inevitablemente que esa función de arbitraje queda como mínimo en entredicho en su objetividad. Por otra parte, puede incorporar elementos de ambición personal y una problemática de temporalidad.
También es frecuente reprochar a la monarquía el coste de su mantenimiento de esta institución, así como su anacronismo en una sociedad mucho más igualitaria que en el pasado.
Todo son opiniones válidas pero por favor… sin JuanCarlismos.
Comentarios
Y Leticia me cae bien, así como la infanta Cristina y sus niños.
¡Ay! ay!!!!!!!!! valevalevaaale (no, no creo que yo sea monárquica.Romántica, un poco, si)
De hecho, más allá de los sistemas, siempre hay personalismos, incondicionales de 'alguien', 'pujolistas', 'felipistas', 'gaullistas', 'aznaristas'... O sea que eso del juancarlismo no es tan raro.
Júlia: Cierto lo que apuntas al principio. La diferencia es que eso que tu apuntas son especificidades que no estan en contra de lo general. (ejemplo: Ser felipista, no implicaba renunciar al socialismo).Lo que yo apuntaba es cuando el -ismo reniega de su concepto genérico. Y no es que sea "raro, eso del juancarlismo". Lo que vengo a expresar es que el sistema elegido, va más allá de la persona que lo ejerza,y me temo que muchas veces el debate no se centra en las ventajas o inconvenientes de cada uno, sino en la bondad o simpatía de la persona en concreto.
Gracias por tu comentario.
Con ningún nombre : ni Juancarlista, ni futura Felipista, ni mucho menos Leticiana ... Puajj !!
Eso si:yo soy Vertista , Oleeee !!!
(Y por cierto: tu no te has mojado querido Vert... deberías hacerlo..)
Castañuelas, por correo privado te remito los datos de mi club de fans (hacienda es uno de mis incondicionales).
Algo así como muchos padres-maridos, que son la figura querida,imprescindible y respetada, pero que cuando los hijos les preguntan si pueden llegar a casa después de las 11, dicen: "Pregúntale a tu madre"
;)
Digan lo que digan y queramos o no, el carisma, la capacidad de convocatoria que un político de cualquier rango tenga, inclinará la balanza a su favor, aunque luego sea un zote. Lo mismo valdría para el sistema de gobierno que se elija en una votación. De ahí, el predicamento de los asesores de imagen :)
No sé, chico. Ojalá alguien me garantizara que una República traería políticos inteligentes, que supieran "estar" en donde debe estarse, dejando de lado su subjetividad partidista y representar a esta nación de naciones, con dignidad. Porque hay cosas que, sencillamente, no pueden hacerse si queremos el respeto del resto del mundo. Por ejemplo; un político, por más que discrepe de las decisiones de su oponente, no puede quedarse sentado al paso solemne de la bandera de un país amigo, aunque en privado, puede limpiarse el pompis con ella, si le apetece.
Salvando todo lo salvable y adelantando que yo no simpatizo con ningún partido de manera especial, ese fue un gesto de "república bananera" en la que yo no quiero vivir.
¿Se me ha ido mucho la olla?
Vale, vale; la culpa es de la cabra.
:DDD
Pesto.nets
Por otra parte, sorprende ver hoy día, pompa y boato forzado al estilo americano que aplica esa máxima etiqueta con la reina de Inglaterra como forma de agasajo desfasada y trasnochada. Eso si es inutil en si mismo.
Pestons.pati
". Lo malo ¿sabes qué es? Que la monarquía no la eligió nadie (salvo el tirano, claro) -independientemente de que JuanCa haya sido o sea bueno o malo como rey-, pero la República sí fue elegida popularmente. No es trivial.
Un beso desde tierras castellanas.
Un beso y gracias por tu participación.
Si te digo la verdad, a mí lo que no me gustó nada fue la restauración de Fernando VII. ¡Y eso que le llamábamos "el Deseado"...! :)
También yo estoy de acuerdo contigo. Nada es trivial, pero tenemos una Constitución en vigor, con una determinada forma de gobierno que votamos por mayoría, como en su momento se votó la República.
Y también disponemos de mecanismos para reformarla. Refórmese pues, cuando así lo demande otra mayoría y dejemos de marear la perdiz.
Al fin y al cabo, el rey estaba ahí cuando los padres de la Patria del momento la redactaron. Podían haber redactado otra distinta y ahora tendríamos República.
Yo prefiero que se lograra una transición en paz y eso sólo era posible (como se vio el 23-f) dejando algunas cosas como estaban.
Y luego está lo que decía mi abuela: "Para gustos hay colores"
Petonets, amic.
:)
Ya sabemos todos que la monarquía es lo más antidemocrático que existe en un país democrático, ¿o no?
¿Y porqué se votó la Constitución del 77? Sencillamente porque no había más opciones.
Beso, Vert.
No me importaría, que conste. Lo malo es que no sé el camino :DD
Petonets, gandul...!