Mi Tia Lolita
La Tia Lolita cumplirá años. 95 que no son pocos. Rodeada de su familia, compuesta por sobrinos y sus correspondientes hijos, celebrará con muy pocas palabras, toda una larga vida llena de anécdotas y curiosidades. Fue la mayor de tres hermanos y sin pretenderlo salió a padre. Intelectual, retraída, silenciosa y probablemente por ello quedó soltera. La guerra le pilló acabando los estudios y un balazo le atravesó la pierna. Pero de eso hace mucho ya. Porque ahora cumple 95 años, que no son pocos.
En aquellos años, frecuentaba los ambientes cultos y junto con su gran amiga Amalia Tineo de reciente fallecimiento (cofundadora de la Escuela Aula), formaban el círculo íntimo de Salvador Espriu, con sus tertulias semanales en casa del escritor.
Recuerdo que tenía un Ford T -por supuesto negro- al que llamaban “Lolito”. Y así se llamaron después todos sus coches. Yo mismo le compré un lolito. Mi primer coche, un impecable SEAT 850 Esp 4 puertas con asientos reclinables (detalle importante para jóvenes veinteañeros).
También recuerdo a su amiga, la admirable Angeleta Ferrer, insigne bióloga, naturalista y pedagoga, hija de Rosa Sensat. Aún puedo verla con una gran sonrisa y 4 cámaras de fotos diferentes colgadas al cuello. Aquel grupo de mujeres, eran una universidad completa ambulante. La Tía Lolita, experta en Historia Medieval, aún consigue a sus 95 años, que no son pocos, mantener una audiencia embobada, hablando de Jaume I el Conqueridor.
No había tenido marido ni hijos, pero por el contrario, ello le había permitido realizar frecuentes viajes por todo el mundo como buena sagitario que es, dominando no menos de 6 idiomas.
Recuerdo mis visitas a su biblioteca, que heredada ya de su padre, la fomentó y la hizo crecer. En ella había volúmenes de todo tipo, algunos de ellos verdaderas joyas, pero recuerdo especialmente una "Storia della Italia” datado en la segunda mitad del S. XVII que yo miraba con sumo cuidado, no fuera yo a cometer libercídio. Fue en esa biblioteca, de gruesos y macizos armarios de caoba con molduras torneadas y puertas de cristal, donde yo aprendí a querer a los libros y aprendí también -de paso- otras cosas… revisando a escondidas, interesantes libros sobre etnología africana, ilustrados con atractivas fotografías de nativas con escasa ropa. En aquel tiempo de mis 12 años, no había mucho más donde “culturizarse”, entiéndaseme.
Pronto, La Tía Lolita, cumplirá 95 años que no son pocos. Todavía lee a diario La Vanguardia, ayudada de su lupa. Camina con su andador y cuida de su invernadero. Todo ello, le ayuda en ese transcurrir nostálgico del tiempo en ausencia de sus amigos que tanta vida le dieron y que hoy, le han dejado ya sola. Y es que 95 años, no son pocos.
Comentarios
Tu tía confirma de sobras que, a falta de enfermedad mental, la inteligencia se mantiene a lo largo de los años y ser anciano, no es sinónimo de inútil.
Me gusta mucho que nos la hayas presentado aquí. Ha sido todo un placer :)
En otro orden de cosas, me has dado una alegría grande hoy. Ya sé que no era mi vista lo que fallaba
:DDD
Ahoa te leo aún más a gusto.
¿Que tal va la grip?
Pesto.nets