Que viene! Que viene!
En estos días de agitación económica, de noticias continuas sobre lo que se nos viene encima. Del “prepárate que aún no hemos visto lo peor”, me parece muy redundante y seguramente superficial, dar mi opinión sobre el tema. Soy desde luego muy poco original. Y sin embargo lo voy a hacer y básicamente por una sola razón. Es mi interés reflejar lo que pienso por escrito y este es mi foro particular que para eso está. 
Si algo me sorprende de verdad en todo lo que está sucediendo, es la velocidad con la que los hechos y los síntomas se suceden. En un símil automovilístico estamos clavándonos el cinturón de seguridad en el pecho por la deceleración que sufrimos. Yo mismo que hace tiempo que pienso que la burbuja famosa reventaría en uno u otro momento, no imaginaba que en poco más de dos meses pudiera cambiar un entorno económico como lo está haciendo.
A principios de año se hablaba de conceptos alejados del consumidor como la crisis de las hipotecas sub-prime en EEUU, o como los riesgos de potenciales incrementos propuestos por el Banco Central Europeo. Hoy eso ha quedado superado y lo que hablamos es de nuestro bolsillo, nuestro trabajo y nuestro piso.
La construcción está en frenazo total. La crisis bancaria aún no ha asomado realmente pero es muy evidente que aparecerá y mucho me temo que de forma escandalosa en los próximos doce meses. El consumo privado está cayendo por momentos y las señales que nos transmiten las grandes empresas son como mínimo muy preocupantes. Vease sino la urgencia de una fusión Iberia-British que lleva años analizándose pero que nunca llegaba y ejemplos hay muchos cada día.
Por desgracia, me llegan noticias bien fundamentadas de cierre de plantas de producción multinacionales muy significativas en España. La tasa de incremento del paro se dispara por momentos y me recuerda la sonrisa (irónica) que yo hice cuando hace poco más de un mes o mes y medio, el ministro Corbacho aceptaba que a final de año esta tasa estaría más cerca del 11% que del 10%. (¡!) Los presagios no son buenos. Más aún cuando vemos que no existen paquetes de medidas concretas del gobierno contra lo que se nos viene encima. Luego habrán lamentos pero nunca responsabilidades. Y yo debo ser catastrofista. Pero veo que el nivel de impagados empieza a crecer, las plantillas a regularizarse, los cinturones a apretarse aún más y en general, lo que viene, no lo hemos vivido antes y me temo que será más largo de lo que dicen los políticos que son los menos adecuados para hablar ahora. Al tiempo.

Si algo me sorprende de verdad en todo lo que está sucediendo, es la velocidad con la que los hechos y los síntomas se suceden. En un símil automovilístico estamos clavándonos el cinturón de seguridad en el pecho por la deceleración que sufrimos. Yo mismo que hace tiempo que pienso que la burbuja famosa reventaría en uno u otro momento, no imaginaba que en poco más de dos meses pudiera cambiar un entorno económico como lo está haciendo.
A principios de año se hablaba de conceptos alejados del consumidor como la crisis de las hipotecas sub-prime en EEUU, o como los riesgos de potenciales incrementos propuestos por el Banco Central Europeo. Hoy eso ha quedado superado y lo que hablamos es de nuestro bolsillo, nuestro trabajo y nuestro piso.
La construcción está en frenazo total. La crisis bancaria aún no ha asomado realmente pero es muy evidente que aparecerá y mucho me temo que de forma escandalosa en los próximos doce meses. El consumo privado está cayendo por momentos y las señales que nos transmiten las grandes empresas son como mínimo muy preocupantes. Vease sino la urgencia de una fusión Iberia-British que lleva años analizándose pero que nunca llegaba y ejemplos hay muchos cada día.
Por desgracia, me llegan noticias bien fundamentadas de cierre de plantas de producción multinacionales muy significativas en España. La tasa de incremento del paro se dispara por momentos y me recuerda la sonrisa (irónica) que yo hice cuando hace poco más de un mes o mes y medio, el ministro Corbacho aceptaba que a final de año esta tasa estaría más cerca del 11% que del 10%. (¡!) Los presagios no son buenos. Más aún cuando vemos que no existen paquetes de medidas concretas del gobierno contra lo que se nos viene encima. Luego habrán lamentos pero nunca responsabilidades. Y yo debo ser catastrofista. Pero veo que el nivel de impagados empieza a crecer, las plantillas a regularizarse, los cinturones a apretarse aún más y en general, lo que viene, no lo hemos vivido antes y me temo que será más largo de lo que dicen los políticos que son los menos adecuados para hablar ahora. Al tiempo.
(foto: http://lacomunidad.elpais.com)
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