Monte Athos - El Entorno
Al regreso de mi estancia en ese peculiar lugar, pasé unos días intentando sintetizar lo que había vivido. Quise hacer un extracto que lo más significativo y para ello, determiné tres diferentes ámbitos. El Entorno, La Cultura y Las Personas.
El primero, define las condiciones ambientales y físicas en las que uno va a enfrentarse consigo mismo o con su profundo motivo de estancia allí. El silencio que se mezcla con el sonido de la misma naturaleza en ausencia casi total de maquinaria prescindible. Todo ese entorno favorece la introspección y la paz interior. También la costa se presentaba como un remanso de agua prácticamente inmóvil. Parecía como si el mar quisiera respetar la meditación de los que allí estaban. Las mismas construcciones de los monasterios permiten tanto encontrar un rincones de retiro como que el sonido de un campana de llamada, llegue a todas partes.

Todo aquello está pensado para el alma. De hecho, es lo único que importa. Y eso es algo que al llegar allí, hay que entender y aceptar. De otro modo, es mejor dar la vuelta.
En el ámbito anecdótico, recuerdo que la expectativa de una comida apetitosa me estuvo obsesionando bastante. Una mañana, al levantarme a la seis de la mañana, mi amigo Panos me dijo que había oído que debíamos bajar al refectorio si queríamos llegar a comer algo. Me di prisa, imaginando un delicioso café con leche y me encontré con un trozo de pescado hervido que nunca tuvo la intención de agradar. Aquello debía ser suficiente hasta la siguiente comida. Imagino que eso también ayudaba a “meditar”, pero a mi me obsesionaba hasta el desasosiego.
En el ámbito anecdótico, recuerdo que la expectativa de una comida apetitosa me estuvo obsesionando bastante. Una mañana, al levantarme a la seis de la mañana, mi amigo Panos me dijo que había oído que debíamos bajar al refectorio si queríamos llegar a comer algo. Me di prisa, imaginando un delicioso café con leche y me encontré con un trozo de pescado hervido que nunca tuvo la intención de agradar. Aquello debía ser suficiente hasta la siguiente comida. Imagino que eso también ayudaba a “meditar”, pero a mi me obsesionaba hasta el desasosiego.
Comentarios
ay, vert...! en cuatro días el estómago no sé si tiene tiempo de hacerse pequeño para poder meditar! ya nos contarás...
Todo lo demás, me habría encantado, lo sé. Las horas que podía pasar sola, andando por la montaña, rebuscando fósiles en las margas o en los barrancos, han sido las más placenteras de mi vida. No era solo la búsqueda de un buen ejemplar; era el ir hablando sola en aquella quietud, el poder elevar la mirada y ver un cielo limpio; oír hasta el vuelo de las mariposas. Y dejar correr el tiempo a su aire.
No recuerdo si meditaba; supongo que no de una manera consciente, pero el solo hecho de estar allí, ya era un descanso espiritual.
Lo dicho: ¡una envidia....!
Petonets
petonets mil