Monte Athos - Viaje al pasado
La península de Agio Oros, en la que está el Monte Athos, es una región autónoma de control eclesiástico ortodoxo. Aún cuando depende formalmente de Grecia, sus 2000 habitantes (90% monjes) se someten a la autoridad del Patriarca de Constantinopla. Son menos de 400 Kms cuadrados, algo así como un dedo de 40Kms de largo y menos de 10km de ancho que se adentra en el norte del Egeo y en donde se alza una montaña de 2000 metros de altura.
Un paisaje atípico por la ausencia de urbanismo, modernidad o evolución. En todo este territorio, apenas existen edificaciones y las más importantes son los 20 monasterios ortodoxos, que existen desde hace mil años. Esos monasterios, son la cuna de la cultura occidental. En ellos se conservan los mismos pergaminos, libros, códices, etc, que se conservaban en el siglo X, XIV o XVII. Nada ha sido cambiado, robado, destruido, modificado. La conservación cultural ha superado las invasiones y dominaciones. En pocas ocasiones podemos encontrar tal tesoro.
Aprovecho que acabo de leer un artículo sobre este tema en el Dominical de El Periódico, para refrescar mi memoria de uno de los viajes más atractivos que he vivido. Invitado por un buen amigo griego, nos desplazamos hasta la península de Halkidiki, en donde se encuentra la región de Agio Oros (Montaña Santa). Eramos un grupo de tres griegos, un turco, un italiano y yo. Los griegos tenían la costumbre ya de peregrinar anualmente al lugar. Para el resto, aquello era un descubrimiento.
Y descubrir Athos, es hacer un viaje en el tiempo. Hay que tener muy presente que este territorio, apenas ha sufrido cambios desde el siglo VI dc. Los mayores daños los hicieron los incendios y los piratas (entre ellos los almogávares catalanes de Roger de Flor). La civilización apenas ha podido entrar en algunos ámbitos de la vida monacal. 1800 monjes y escasamente 150 seglares viven otro calendario (gregoriano) y con otro hábito horario (bizantino). Las normas tienen aún raíces medievales. Las mujeres tienen terminantemente prohibida su entrada y ni siquiera en barco pueden acercarse a menos de 500 metros de la orilla. Está prohibido nadar o sumergirse en sus costas y por lo tanto, en sus fondos podrían encontrarse cientos de pecios submarinos, nunca descubiertos por el hombre.
Tan solo 10 visitantes diarios son autorizados a acceder a la zona y los “no ortodoxos” deben declarar su religión a la entrada y aceptar las normas de comportamiento que impiden vestimenta inadecuada, gritos o animales hembra (excepto gallinas), entre otras muchas. La visita a Agio Oros, solo tiene sentido en un entorno de meditación y recogimiento. No se acepta el turismo vacío. Y todo se estructura para el rezo, la meditación y el trabajo. Todo lo demás, carece de importancia (incluyendo el necesario acto de comer).
Puede parecer algo sumamente arcaico. De hecho, evidentemente lo es. Y sin embargo, es también profundamente atractivo, puesto que todo invita al encuentro con uno mismo y con la esencia de la misma vida. El visitante que llega, sabe que podrá hospedarse en cualquier monasterio, siempre que llegue antes de la puesta de sol. Una vez cerradas las puertas, no se volverán a abrir hasta la mañana siguiente. (Continuará)
Un paisaje atípico por la ausencia de urbanismo, modernidad o evolución. En todo este territorio, apenas existen edificaciones y las más importantes son los 20 monasterios ortodoxos, que existen desde hace mil años. Esos monasterios, son la cuna de la cultura occidental. En ellos se conservan los mismos pergaminos, libros, códices, etc, que se conservaban en el siglo X, XIV o XVII. Nada ha sido cambiado, robado, destruido, modificado. La conservación cultural ha superado las invasiones y dominaciones. En pocas ocasiones podemos encontrar tal tesoro.

Aprovecho que acabo de leer un artículo sobre este tema en el Dominical de El Periódico, para refrescar mi memoria de uno de los viajes más atractivos que he vivido. Invitado por un buen amigo griego, nos desplazamos hasta la península de Halkidiki, en donde se encuentra la región de Agio Oros (Montaña Santa). Eramos un grupo de tres griegos, un turco, un italiano y yo. Los griegos tenían la costumbre ya de peregrinar anualmente al lugar. Para el resto, aquello era un descubrimiento.
Y descubrir Athos, es hacer un viaje en el tiempo. Hay que tener muy presente que este territorio, apenas ha sufrido cambios desde el siglo VI dc. Los mayores daños los hicieron los incendios y los piratas (entre ellos los almogávares catalanes de Roger de Flor). La civilización apenas ha podido entrar en algunos ámbitos de la vida monacal. 1800 monjes y escasamente 150 seglares viven otro calendario (gregoriano) y con otro hábito horario (bizantino). Las normas tienen aún raíces medievales. Las mujeres tienen terminantemente prohibida su entrada y ni siquiera en barco pueden acercarse a menos de 500 metros de la orilla. Está prohibido nadar o sumergirse en sus costas y por lo tanto, en sus fondos podrían encontrarse cientos de pecios submarinos, nunca descubiertos por el hombre.
Tan solo 10 visitantes diarios son autorizados a acceder a la zona y los “no ortodoxos” deben declarar su religión a la entrada y aceptar las normas de comportamiento que impiden vestimenta inadecuada, gritos o animales hembra (excepto gallinas), entre otras muchas. La visita a Agio Oros, solo tiene sentido en un entorno de meditación y recogimiento. No se acepta el turismo vacío. Y todo se estructura para el rezo, la meditación y el trabajo. Todo lo demás, carece de importancia (incluyendo el necesario acto de comer).Puede parecer algo sumamente arcaico. De hecho, evidentemente lo es. Y sin embargo, es también profundamente atractivo, puesto que todo invita al encuentro con uno mismo y con la esencia de la misma vida. El visitante que llega, sabe que podrá hospedarse en cualquier monasterio, siempre que llegue antes de la puesta de sol. Una vez cerradas las puertas, no se volverán a abrir hasta la mañana siguiente. (Continuará)
Comentarios
un beset, vert!
p-tonets
Y me siguen dando ataques de anhelo.
Por eso te decía que me gustaría que fuera verdad que habías ido a M. Athos. Por egoísmo de recibir algún reflejo desde lo que contaras.
Besos envidiosos :(
romy
Ya sabía que nada de "animales hembra" a menos que seas una gallina, cosa que, ahora mismo, no me apetece. Por eso me conformaba con los reflejos de Vert!
¡Qué remedio..!
Por otra parte, debo declarar publicamente que en este blog, no existen discriminaciones y estan perfectamente permitidos los comentarios de hombres (aunque pueda parecer lo contrario).
Gracias por vuestras participaciones
Que bueno Vertin que por lo menos a través tuyo podemos conocer algo de lo que ahí pasa, así que por fa, continúa que quiero saber con lujo de detalles.
Myril
Respecto a la entrada de las mujeres... No sé, no creo que sea un tema machista sino una decisión suya como las monjas de clausura, por ejemplo...
Pablo
Gracias por tu comentario. Si quieres algún tipo de profundización no dudes en contactarme por mail. Si está en mi conocimiento estaré encantado en informarte.
Por otra parte, hasta el día de hoy, la entrada de mujeres no es un tema abierto a la discusión y se entiende que en ese territorio religioso, las decisiones corresponden a las autoridades religiosas. Sin más.